Soy ciclotímica
Pasan de la euforia a la depresión en cuestión de segundos. Incapaces de controlar su temperamento o de sentir emociones placenteras, acaban enfadados o irritables. Catalogados de lunáticos, un sentimiento de culpa les embarga a menudo porque no pueden controlarse. ¿Pero por qué cambian de humor constantemente? “De pronto, me siento feliz como nunca y con una energía inagotable, pero al segundo, y sin saber muy bien por qué, cambia mi estado de ánimo y me entra un bajón espantoso. Es una situación que recuerdo haber vivido desde que era adolescente”, confiesa David, de 29 años. Estos cambios bruscos de carácter sin razón aparente es lo que los especialistas llaman ciclotimia. “Se caracteriza por cambios en el estado de ánimo, que van desde una depresión leve o moderada a un estado eufórico de gran excitación, sin que se produzca un cambio importante en sus circunstancias”, explica la psicóloga clínica Silvia Álava Sordo. Suelen ser personas a las que les cuesta mucho controlarse y que explotan ante la mínima contrariedad. Un atasco, un retraso, una avería en el metro o en la lavadora bastan para provocar en ellos la cólera y el mal humor.
Esta susceptibilidad a flor de piel revela una gran incapacidad por hacerle frente a los acontecimientos y soportar la frustración. Funcionan muy bien cuando se sienten activos llegando a un aumento de la productividad, compromiso exagerado en actividades dispares y escasa necesidad de sueño. Pero cuando pasan al polo depresivo, sienten una profunda tristeza, no se ven capaces de realizar nada y se aíslan de los amigos, como señala la psicóloga clínica Paloma Méndez: “Cuando alguien está estresado, tiene días mejores y peores, pero su nivel anímico suele ser estable. En cambio, en el ciclotímico, la ambivalencia afectiva y el nulo control de las emociones negativas repercute negativamente en sus relaciones”.
Esto es lo que le ocurre a Francisco, de 38 años: “Cuando me vuelvo irascible, suelo romper con mi pareja de largo tiempo y acto seguido, me embarco entusiasmado en una nueva relación, creyendo que es la mejor de mi vida. Paso unos días en el limbo y, otra vez, me derrumbo”. Algo muy difícil de vivir para el entorno de estas personas y para ellas mismas, que no entienden a qué se deben estos cambios de humor. Pero autocompadecerse no sirve de nada. Hay que saber que este comportamiento puede esconder una herida debida a un trauma o sufrimiento que la persona ha escondido en los más profundo de su subconsciente y que surge, sin quererlo, en cualquier momento. Paula 39 años, directora financiera: “Tuve miedo de que los otros terminasen dejándome sola”
“La verdad es que no sé cuándo empezaron mis cambios de humor, pero creo que fue ya desde pequeña, viendo algunas fotos de familia. Todos mis hermanos sonríen o están serios; yo aparezco triste o llorosa. Pero quizá fue hacia los 16 años cuando estos fueron más evidentes: me levantaba protestona, me volvía alegre a lo largo del día y me encerraba en un mutismo total por la noche. Al principio, mis padres pensaron que se debía a una crisis de adolescencia, pero sigo siendo igual. No me siento orgullosa, pero no lo controlo. ¡Cuántas veces he escuchado que estos cambios de humor son insoportables! Llegué a asustarme pensando que, si seguía así, terminaría quedándome sola. Hablar con un psicólogo me ha ayudado”. Reportaje completo en la edición impresa [Psychologies nº 24].